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¿Por qué les cuesta tanto a las posiciones críticas aceptar contra-críticas?

Nunca deja de llamarme la atención cómo posturas que adoptan un punto de vista crítico tienen ese problema. Ya sea del progresismo, socialismo, liberalismo, feminismo, y otros, sean “ismos” o no. Y no se trata de dejar de valorarlos. Sus posturas han sido y siguen siendo completamente valiosas: sus reflexiones merecen ser escuchadas y discutidas y muchas de sus luchas, apoyadas, tanto en un plano político como académico.
Sin embargo, al momento de intentar hacer una crítica hacia sus ideas básicas (o no tan básicas) o decisiones políticas, parece ser que la apertura es solo hacia posturas que sean también críticas o que vengan de actores tan o más “desprivilegiados” que ellos mismos. Pero, mirando al otro lado, a lo que ellos critican, la apertura parece ser casi nula; como si el conservadurismo, neo-liberalismo/capitalismo y demás contrapartes no tuvieran nada relevante a ser escuchado, porque prácticamente cualquier cosa que puedan decir es, explícita o implícitamente, consciente o inconscientemente, solo una defensa de su propia posición de privilegio o un intento de legitimación de las relaciones de poder.

Y, si se intenta hacer una crítica a esos defensores de los “ismos” críticos, las cartas a jugar suelen ser frases del tipo:

  • “decir eso es hacerle el juego a los conservadores / neo-liberales / etc., ¡date cuenta!”
  • “si piensas eso es porque, quizás sin quererlo claro, te mueves (a-críticamente) dentro de las categorías que debemos criticar”
  • “bueno, es que aún no la ves bien, tendrías que leer tales autores y pasar tales experiencias para entender, cuando lo hagas te darás cuenta de que tenemos razón”
  • “pero hacer una crítica a la crítica está bien para una clase o un café, para una conversación interesante, pero no más allá de eso; la lucha debe hacerse en pro de todos”
  • (y otras más que se repiten con menor frecuencia).

También podemos ir con esos críticos y preguntarles algo como: “¿y qué pasa si en algún punto, uno al menos, de lo que defiendes caes en un exceso? ¿es eso posible?” Más aún, “¿qué pasa si en ese punto en particular, no en general, es tu rival quien tiene la razón?” Las respuestas ahí suelen variar entre “no, en ningún aspecto de nuestro debate el otro tiene la razón” y “bueno, podría pasar, claro, yo no soy infalible”. Si es lo segundo, el problema llega cuando se piden ejemplos: en mi experiencia personal, al preguntarlo eso, casi nunca son capaces de dar ejemplos en que se evidencie que sus criticados tienen un mejor punto. Lo reconocen para otros temas, como la capacidad para organizar gente, movilizar recursos, usar los medios, permanecer en el poder… pero prácticamente nunca para los temas propios del debate, del quid de su crítica. Y esto aparece una, y otra, y otra vez en conversaciones, en debates, en foros, en blogs, diarios, posts de facebook, etc.

Esa incapacidad para aceptar contra-críticas también es peligrosa, en tanto bloquea canales de comunicación y polariza las posiciones, además de cierta suposición de que los defensores de las posturas contrarias son o bien ingenuos, porque “no la ven” o bien astutos o simplemente personas aferradas a sus posiciones de poder y “no quieren perder”.  Es cierto que muchas veces ese es el caso, pero tampoco se puede aceptar una generalización de ese tipo sobre cualquier postura o idea conservadora, de derecha, etc. Por eso es también necesario promover que los defensores de esas posturas críticas se hagan a sí mismos la pregunta (al menos solo internamente):

“¿Hay algún punto en el que esté sobre-interpretando y, quizás, ese a quien critico tiene mejores argumentos? ¿Cuáles serían?”.

Pregunta que también es válida para sus criticados, obviamente. Sin esto, los verdaderos debates, no los diálogos de sordos, no podrán darse.

Por último: tal vez esto parezca ingenuo pedir algo así cuando se trata de dinámicas políticas, lo que implica balances y  luchas de poderes, muchas veces de tipo muy crudo. Esto es cierto. Pero tampoco se trata de hinchadas o de “bandas” en que cada parte es casi incapaz de reconocerle algo a la posición contraria. Tender los canales de comunicación es necesario, y no solo por intereses propios, sino porque los temas en discusión lo permiten y piden. Además, ver ese proceso de abrir canales como ingenuo corre el riesgo ya mencionado de generar una situación en que cada postura vaya hacia su propio lado, polarizando posiciones y volviendo más crudos los enfrentamientos. Espero que podamos acordar que el hecho de que algo así suceda es también peligroso.

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