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Archive for 16 marzo 2017

Algunas observaciones sobre los desastres (socio)naturales (en Perú, marzo 2017)

Basándome en mi propia experiencia laboral y educativa previa y por lo que estoy analizando ahora mismo, espero que los siguientes puntos sean de utilidad para enfocar las emercencias y desastres que suceden ahora.
1. ¿Se debe al cambio climático (CC)? La pregunta, así formulada, es un poco tramposa. Se puede decir que como tendencia general (ojo: general) sí está agudizando algunas dinámicas en cuanto a intensidad, frecuencia y cambios de patrones. En este caso, estaría interactuando mucho con fenómenos como El Niño, La Niña o el presente fenómeno (hay que tener en cuenta que lo que vemos no ha sido catalogado como un Niño regular sino que la dinámica es algo distinta, de ahí que se esté usando más el rótulo “Niño Costero”, que parecería tener un precedente en 1925) . El problema es que establecer más exactamente cómo ocurre y qué podemos esperar en el corto y largo plazo es sumamente difícil. Ahí cabe hacer un par de observaciones:
(a) el que se tenga esa tendencia a nivel general no significa que pueda hacerse la regionalización (scale down) fácilmente.
(b) podemos enfocar al CC como un factor significativo que se combina con otros, una suerte de “coctel” de factores que incrementan el peligro. ¿Cuánto aporta? ¿Qué tanto “peso” tiene en eso? Es muy difícil de estimar. Lo importante es notar ahora que los peligros no se limitan al cambio climático. Podemos imaginar cómo sería el mundo actual sin cambio climático y aún así habría muchos fenómenos de clima y del tiempo (weather) bastante peligrosos, y estamos ya familiarizados con las dinámicas e impactos de estos.
2. Planificación y prevención:
Como se dice muchas veces, los desastres no son naturales, sino “socio-naturales”, apuntando a que el peligro puede estar ahí, cada vez más fuerte, pero la falta de preparación suele tener más peso. La pregunta que sigue es ¿qué tan desprevenidos nos ha tomado todo esto? Siguiendo con lo anterior: sí, puede haber elementos nuevos para los cuáles no estábamos preparados y de los cuáles podríamos decir “nos tomó por sorpresa”. Pero (y es un “pero” muy grande) también hay muchísimos para los que usar una frase sería realmente cínico y cobarde, pues ya debíamos estar preparados desde mucho antes. Por este lado van las críticas a las autoridades: por la falta de ejecución de obras y de coordinación con las personas. Ellos no pueden escudarse en un simple “nos tomó por sorpresa”.
Por ejemplo: posiblemente, por un tema de intensificación de las lluvias, no resulta posible prever con facilidad qué tan altos deberían ser algunos muros de contención, o quizás no se podía prever bien que el caudal de un río iba a aumentar tanto que llegaría a afectar un puente bien construído según los escenarios previos. Entonces, sí, hay algunos elementos que podrían tomar por sopresa. Sin embargo, la mayoría de los problemas que se observan ahora en la infraestructura y la planificación no son de aquel tipo, sino mucho más básicos y previsibles, como la falta de existencia -a secas- de muros, o puentes muy mal construidos que colapsarían ante la primera gran crecida de un río, o poblaciones asentadas en lugares muy expuestos, y un largo etc. Y todo eso sería un problema, nuevamente, aún si no existiera el cambio climático.
A esto se suma, claro, el hecho de que aún si los elementos son sorpresivos, esto no implica que se nos tome completamente fríos. Para hacer la analogía con una pelea: puede que venga algún golpe que “nos madruge”, pero una preparación adecuada implica también estar preparado para que ese golpe sorpresivo no implique prácticamente un knock out. ¿Los muros no fueron suficientemente altos o incluso los puentes buenos se afectaron? ok, pero ¿qué plan de contingencia tienes para ello?
3. No es solo un problema de las autoridades, sino también de nosotros mismos como población. Esto no quiere decir que tengan el mismo nivel de responsabilidad. Sí puede asignársele más responsabilidad a la seguidilla de gestiones insuficientes, especialmente cuando vemos los bajos niveles de ejecución de presupuesto para gestión de riesgo de desastres, y peor aún, que lo gastado se ejecutó en obras mal hechas y en algunos casos explicadas por corrupción.
Sin embargo, eso no debe hacernos ciegos ante problemas que tienen que ver directamente con la población. Esto se ve claro en los casos de personas que pese a tener su casa en una zona sumamente expuesta, como un lecho seco, se niegan a ser trasladadas. En algunos casos esto se debe por desconfiar de las autoridades, claro; pero también hay incentivos perversos, por ejemplo, a veces el interés es conseguir un pago por reubicación aun si el terreno fue invadido; también se hace muchas veces presión para que algunos instrumentos para la gestión se demoren; por ejemplo demorar la aparición de un adecuado mapa de peligros ya que eso disminuiría mucho el valor de las propiedades. No se puede desatender ese lado de las responsabilidades.
4. Las estrategias no son para nada obvias. Se habla, a veces, rápidamente de forestar/reforestar como solución. Eso podría disminuir la exposición de personas en algunos lugares, pero en algunos otros resulta inútil, ya que la ladera es tan rocosa que no se puede forestar, o porque el deslizamiento podría ser tan fuerte que ni la (re)forestación podría contenerlo. A veces, movilizar completamente es la única solución. Es solo un ejemplo, las consideraciones son mucho más complejas e involucran aspectos técnicos, socio-económicos y políticos fuertemente.
5. Si estamos así para deslizamientos, ¿cómo sería para un sismo intenso? ¿Podríamos ya, de una buena vez, no solo “pensar en lo que pasaría” sino ya planificar efectivamente y tomar acción? Muchas ciudades del país son una vergüenza en cuanto a preparación para este tipo de desastres. Desastres que no avisan, que no tienen una periodicidad aproximada, sino que solo sabemos que tenemos que estar preparados y punto. Y ahí el problema, a nivel de cada localidad, no es solo de educación y sensibilización, me parece, sino de las trabas para pasar del “saber y sentir” ese peligro potencial a “cambiar la situación” Y pareciera que ni a nivel de autoridades ni a nivel de población en general hay suficientes ganas para destrabar las dinámicas perversas que impiden o ralentizan ese cambio.
6. Habiendo dicho lo previo, sí hay un punto relacionado a la sensibilización. Una factura alta que nos pasa el centralismo del país es que muchos problemas nacionales no se “sienten” en los medios o en instancias de gobierno (hasta en algunas empresas) hasta que Lima no es afectada. No deberíamos tener que llegar a ese punto para que las emergencias suban su orden prioritario en las agendas.
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