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Respuesta a Martín Valdez sobre el problema de la generalidad de las máximas en Kant

9 octubre 2010 7 comentarios

[El presente post es una respuesta a otro en el blog de mi amigo Martín Valdez, un neo-neo-neo-kantiano 😛  (de hecho que no le gustará la chapa) sobre el problema de la generalidad de las máximas en la moral kantiana. Disculparán que no haga referencia específica a pasajes, pero si a alguien le resulta muy importante podría meterme la chamba de dar con la referencia exacta y no trabajar únicamente con mis resúmenes y esquemas]

Estimado Martín:

Sí tengo algunas cosas que comentar al post   [Cuán xvr es Kant que siempre se presta a harta polémica :)].
Mis puntos de discrepancia:
1. No creo que al hablar de “máximas” Kant se refiera únicamente a las más generales, sino a todas.
2. Hay que considerar en qué lugar entra a tallar el Juicio para saber que es un problema referido a las máximas de moralidad, no a todas las máximas.

[Advertencia de glosario (por si algún tercero llega a leer esto: GMS=Fundamentación de la metafísica de las costumbres, MS= Metafísica de las costumbres, ZEF= La paz perpetua]

Me parece bastante problemático querer hacer la acotación que sugieres siguiendo a Kuehn, de no tomar las máximas más particulares, pues Kant se referiría a las más generales, que serían las que en última instancia son compartidas. Tiene sentido claro, especialmente si se quiere rescatar lo intersubjetivo. Nunca se transmiten máximas demasiado particualres (como el ejemplo de hiper-particularidad que colocas). Empero, esto nos sigue dejando con el problema de señalar hasta qué grado de particularidad debemos aceptar a algo como máxima. Es decir, se introduce un problema de grado. Puede resolverse este problema diciendo que no es que haya un nivel fijo, sino que depende justamente de cómo nuestras culturas/padres/tradiciones nos la hayan transmitido (un criterio basatnte pragmático por cierto, que llevaría a no comprometernos con una “valla fija” de universalidad). Sin embargo, incluso si tomamos esta desviación siguen surgiendo problemas y es, me parece, JUSTAMENTE por el criterio usado. Es decir, las máximas, al ser transmitidas contextualmente, tienen por sí mismas distintos niveles de particularidad/universalidad. Ej.: “no se pega a nadie”, “no se pega a la gente”, “no se pega a las mujeres”, “no se pega a las niñas”, “no se le pega a tus hermanitas”. Tal vez la persona logre pasar de “hermanitas” a “niñas” e incluso a “mujeres”… en todo caso, estos desplazamientos parecen depender del contexto en que la máxima fue transmitida. La educación no es siempre de máximas como en el catecismo o la biblia en que hay máximas ya bien pensadas, digeridas y formuladas. En todo caso, todo esto sólo me servía para mostrar que asumir el criterio de “máxima vale sólo para los más generales” es harto problemático y no logra desembarazarse del todo del problema de la “valla de gradación”.
Creo que hay que Kant confía en que cada acción tiene una màxima (=principio de la voluntad, y como esta condiciona la acciòn, también de la acción). Y que esta puede ser muy particular muchas veces. Las màximas que siguen la forma de los imperativos hipotéticos, por ejemplo, son sumamente particulares. Màs aùn si se trata de los problemáticos (cuyo fin perseguido está completamente abierto, no como en los asertòricos en que está ya determinado: la felicidad). Las acciones cuyas máximas siguen la forma del imp. hip. problemático son altísimamente particulares (Ej: “si quieres machacar ajo, usa el batán”).
El problema surge, como acota Kant, en los de imp. categóricos, pues estos son sintéticos, mientras que los hipotéticos son analíticos. Los hipotéticos son analíticos pues, al tener su fin recogido directamente de la experiencia, ya tienen su fin en sì mismos. Esto no sucede con los categóticos, que para determinar la acción deben recurrir a algo fuera de ellos.
Es justamente ahí donde entra el problema del Juicio, para los imp. categóricos y por su propia constitución. No creo que sea porque son altamente generales y no particulares como sostenìas, sino porque, sin importar el grado de universalidad que tengan, ellos mismos no dicen nada por sí mismos sobre cómo conectarse con la experiencias, es decir, con la acción, que es lo que finalmente deben determinar.
[Por cierto, el pasaje que refieres de la MS, habla más bien en contra del trabajo del Juicio: “compete especialmente a la ética, como metodología de la razòn práctico-moral, no tanto ejercitar el Juicio como la razón”(MS: 411). Tal vez sea otro de los pasajes sobre el Juicio el que querías indicar, no lo sé]

Sin embargo, queda un cabo suelto: por qué, entonces, Kant coloca únicamente en la MS principios que son harto generales y no más particulares. Posible solución: me parece que pasa por el formalismo kantiano. No en el sentido de que no habla de valores sino únicamente de procedimientos, sino en el sentido de que no busca delinear un modo de vida, un ethos particular que todos hayamos de seguir, sino normas de convivencia para regular distintas formas de vida, sin que aquellas mismas lleguen a constituir un modo de vida (si hiciera esto sería un tema de felicidad, que es por definición para él a posteriori). Entendido así su formalismo tendríamos que sería contraproducente pretnder dar máximas que todas las formas de vida deberían adoptar en cuanto CONTENIDOS, pues estos contenidos tienen que ver con sus particularidades, no con la moralidad, siempre universal.
En este sentido, me parece que los principios generales enunciados en la MS no son máximas que debamos adoptar como parte del “ethos”, no son máximas generalísimas, sino que se trata de condiciones de posibilidad para que estemos en aptitud para someter nuestras máximas (más particulares a veces, más generales otras veces) a crítica. No se abandona el plano de lo formal. En todo caso, se trataría de una formalización de la moral y de la política (como se aprecia en ZEF, donde se habla de condiciones de posibilidad de relaciones internacionales entre Estados).
En este sentido, me parece, ni siquiera con la apelación a la MS puede dejar de decirse que Kant deja de tener un cuño procedimental (aunque esto ya es un tema tangencial que no entra de lleno a tratar aquí).
Espero haber ayudado.

Un abrazo.

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Categorías:Filosofía, Kant, Moral

Árbitros, cámaras y los chips en el mundial

Dado que hay ambiente mundialista quiero hablar brevemente de un punto que siempre me irritó. Como algunos saben hace un tiempo yo jugaba rugby y, dentro de las varias comparaciones que se puede hacer con el fútbol, hay una que me siempre me llamaba la atención: la constante negativa de la FIFA a implementar un sistema en el que el árbitro pueda recurrir a lo registrado en cámaras para determinar, por ejemplo, la validez de un gol o un offside. Y es que en Rugby eso es parte del juego, y se lo toma como una medida de justicia y de seguridad también para los jugadores. La gran pregunta era ¿por qué no en el fútbol?

(1) Lo primero que tendría que decir es que se debe dejar de lado todo argumento del tipo “imagínate la cantidad de pausas que habría; el juego se haría lentísimo”. Algo que sostiene en conferencia de prensa (es decir, lo dicho ante cámaras, lo que se puede decir) el propio Joseph Blatter: “El fútbol es un juego dinámico que no puede ser detenido a fin de revisar cada decisión. Si se tuviera que detenerlo para tomar una decisión, esto interrumpiría el ritmo del partido”, explicó días después de la última reunión de la IFAB en la que se rechazó la implementación del sistema de cámaras y también el del chip en la pelota.  Habría que dejarlo de lado, en primer lugar, porque esto no es cierto en otros deportes, es más, los espectadores se quedan viendo las repeticiones tal como los fanáticos del futbol se quedan viendo las repeticiones en el noticiero deportivo de la noche o del fin de semana. Segundo, porque las jugadas realmente polémicas son pocas por partido (no deben pasar en promedio de tres o cuatro por juego), es más, se puede poner un máximo de veces en que el árbitro puede consultar (digamos dos). Por último, el cuarto hombre podría tener una pantalla con 3 segundos de retraso y aprovechar el sistema de audio cerrado que ya tienen para comunicarse con el árbitro y así no parar el juego.

Además, ¿no demora más el juego el que los 22 jugadores se amontonan alrededor del árbitro para reclamarle la jugada polémica? “Sí, pero eso es parte del encanto” se respondería.

(2) Eso último nos lleva a un segundo argumento común: “se perdería la gracia/esencia del fútbol”, los que se enfrentan obviamente al contraargumento “¿cómo vas a decir que esa es la esencia del fútbol?, ¿te parecería tal gracia si se lo aplican a tu equipo?” etc. etc. En otras palabras, no es aquél de por sí un argumento, pues es justamente lo que está en juego: si es realmente algo central o solamente circunstancial o periférico al fútbol.

(3) Un tercer argumento es el de la autoridad del árbitro. Joao Havelange, ex presidente de la FIFA dijo hace no mucho “Quien manda en el partido es el árbitro, no una cámara”. A lo que se podría responder sencillamente que ese no es el punto, la decisión y mando siempre estarán en el árbitro; una vez más, otros deportes lo prueban.

(4) Sacando un balance de los tres puntos anteriores surge también el argumento de la conspiración, de “la mano negra”; es decir, aquel que señala que la FIFA no quiere implementar aquél sistema porque así los partidos no podrían arreglarse para privilegiar a algunos, especialmente a los equipos grandes. Y es que claro, suena muy sospechoso que la FIFA misma diga que implementar ese sistema implicaría quitarle “lo bonito” al juego, pues la polémica es algo propio del deporte, especialmente del fútbol. ¿Hay una mafia detrás del fútbol? Cabe sospechar esto, especialmente por el gran poder que la FIFA concentra (piénsese en las terribles consecuencias que trae para un país el que sus equipos sean dejados fuera de las competencias internacionales, como en el caso de la FPF y Burga de hace unos meses). De tiempo en tiempo salen estos argumentos y con la celeridad con la que llegan también se van. Y es que (4b) haya o no haya una mafia detrás y se levanten teorías al respecto, muchos fanáticos del fútbol viven tranquilamente con eso, incluso cuando esto perjudica a su equipo. Es decir, reniegan, se quejan, discuten, etc., pero se asume como una parte del juego, volviendo así al argumento del “encanto” que se coloca por encima de los criterios de justicia.

Por eso me parece que, aparte de la teoría de la “mano negra” (la cual, como digo, podría bien tener un peso amplio), considerar otra interpretación que escuché hace poco y que es tan obvio que normalmente es dejada de lado justamente en pro de teorías que impliquen algo oculto: aceptemos que nos gusta más especular con la hipótesis de un misterio oculto que señalar algo crudamente evidente, aquello nos entretiene mucho más.

La interpretación que escuché hace poco señala simplemente que impedir la implementación de aquellos nuevos sistemas es algo central al fútbol porque así se quitaría a los hinchas muchas de las discusiones de la semana, de la oficina, de los almuerzos, de los café. Yo ampliaría esto señalando que se le restaría, entonces, algo a la “cultura de fútbol” que es más bien lo que la FIFA está interesadísima en promover; conseguir hinchas, fanáticos, adeptos… conseguir que se comente, que esté en boca de todos. Justamente la polémica, el “si no metían ese gol mi equipo hubiese ganado” seguido del “nada que ver, aún así perdían”. Es central que la gente juegue con los “si hubiera… entonces” que cree posibilidades, que maquinen posibilidades y estrategias.

Si lo vemos de este modo, se explican el argumento del “encanto” que usualmente se esgrime sin mayor sustento. A la vez, se entendería el tercero, ya que es necesario que la gente tenga esos sentimientos de posible odio contra el árbitro. También se entiende el cuarto, no porque niegue que haya arreglos ocultos para favorecer a algunos, sino porque el aspecto señalado en 4b, implicaría que incluso las hipótesis de la “mano negra” alimentan la consolidación de la “cultura fútbol” (este mismo post de alguna forma lo alimenta). Lo que importa es que se hable de eso, lo que se hable es secundario. Que se raje de los árbitros, de los dirigentes de los equipos, de los dirigentes de la FIFA incluso: todo eso vale. Y este es un principio que vale tanto para la FIFA como para Susy Díaz: no le importa qué digan de ella, lo que le importa es salir en TV, pero el truco no es tanto llegar a la televisión, sino mantenerse en ella. En este sentido hay algo común entre el fútbol y la farándula peruana: ambos harán lo que fuera por salir y salir y llamar más y más la atención: sus economías, sus vidas depende de ello; claro que en el caso de la FIFA es más estable y no tan explícito. En realidad, esa es la meta de la mayoría de las emisiones. Alguna vez escuché que tener éxito para una serie televisiva es que la gente haga una pausita en la oficina para hablar de ella. Algo que ha sucedido en los años anteriores con series como Sex & the city, Friends, pero también Los Simpson, Family Guy, y los animes que se pusieran de moda.

Parece ser algo característico de los medios masivos de comunicación. Se podría decir que no es sólo algo de los medios, sino que es algo característico de los personajes públicos en general. Sospecharía un poco de esta generalización. Piénsese en que muchos políticos por ejemplos, más bien evitarían estar constantemente en boca de todos (o también en personajes como Genaro, quien siendo inevitablemente un personaje público, trata de mantenerse alejado de los “dimes y diretes”). Se daría más bien el caso de que muchos políticos han buscado una manera de mantenerse en sus cargos. Pero más que eso, incluso podríamos decir ha habido un fenómeno por el cual la publicidad (el carácter de ser público) se entiende cada vez más desde la dinámica propia de los medios de comunicación masiva, pero este ya es otro tema.

Para terminar sólo quiero dejar un tema abierto para la discusión. Al parecer, dado que lo que le importa a la exposición en medios de comunicación es aparecer una y otra vez sin que importe mucho qué es lo que se diga, tampoco debería importar el que se diga que es justamente eso lo que importa. En otras palabras, de ser una dinámica que es capaz de alimentarse de prácticamente cualquier cosa que se diga sobre sí (desde lo más elogioso hasta comentarios llenos de odio), debería también ser capaz de alimentarse del discurso que explique su dinámica, algo como lo que he intentado hacer aquí ampliando la pista que me dio aquel comentarista cuyo nombre ya olvidé. Sin embargo, no pasa esto. No vemos a nadie de la FIFA comentando este aspecto en sus discursos, ni siquiera para proponerlo como alternativa ante las acusaciones de mafias (que al parecer es algo mucho más serio). Así tampoco vemos a Susy Díaz diciendo “lo que me importa es salir ante cámaras y que hablen sobre mí aunque sea para decir que soy una bruta”. A lo más se dice “la farándula es mi negocio”. Es como si, después de todo, lo mediático y sus intereses económicos tuviesen algún tipo de interés en no hacer explícito esto. ¿Hay algún peligro en eso? ¿Qué sucedería si Blatter dijera en una conferencia de prensa: “no ponemos cámaras porque nos importa que los hinchas hablen una y otra vez de fútbol y esto incluye que renieguen de las fallas de los árbitros”? ¿Absolutamente nada? Sólo suelto una pista: no bastaría aquí con decir que los hinchas reaccionarían mal porque los pintan como fanáticos reducidos, pues esto ya sucede con comerciales como el del desodorante que pone a los hombres como zombis tras el fútbol. La discusión tendría que llevarse, más bien, por el lado de la importancia de que alguna descripción quede como latente o se haga patente. ¿Qué cambia realmente cuando un discurso se hace patente con respecto a los efectos que ello tiene? Y, ¿qué sucede cuando esto sucede en el caso particular de los medios masivos de comunicación?

¿Por qué la aporía?

10 enero 2010 2 comentarios

“¿Qué significa “aporía”?” es una pregunta que me han lanzado en muchas ocasiones y muchas veces también han sido las veces en que he contestado: significa “sin salida”, aludiendo a su etimología (a=prefijo negativo; poros=salida, escape). Sin embargo, no han sido muchas las personas con las que he ido más allá. No fue hace mucho tiempo que me di cuenta de que esto implicaba al menos una ambigüedad importante. Para algunos era simplemente una forma de decir que “todos estamos medio atrapados con la vida” como una amiga alguna vez me dijo en el msn. Esto en cierto en alguna medida.  Conversando con otras personas me daba cuenta de que interpretaban la “aporía” directamente con la imagen prefabricada de quien estudia filosofía (la cual se mantiene porque en cierta forma quienes estamos metidos en esto la alimentamos) según la cual “nos hacemos bolas” por problemas muy poco prácticos y, peor aún, nos quedamos estancados en ellos. Esto también es cierto en alguna medida. Sin embargo, a lo que yo quiero aludir es más bien a aquellos “cruces de caminos” en los que estamos ya situados. Situaciones personales, emocionales,  sociales, globales, históricas, económicas, artísticas, etc., en las cuales se vislumbre que hay un problema sobre el cual no solemos detenernos a considerar por estar, tal vez, demasiado inmersos en el día a día, o mejor dicho, en los quehaceres aprendidos en el día a día. Esta acotación es central ya que una de las opiniones que espero se deje ver en el desarrollo del blog es que la filosofía tiene la obligación de salir de sus discusiones de aulas para lograr saber desde qué problemas vivos (por así decirlo) nace esta actividad. Tal vez a algunos esto les suene a “filosofía comprometida” como solía hablarse de “literatura comprometida”. Sin embargo, no es un compromiso con un proyecto determinado, es sólo la llamada de atención a no quedarse en la mera exégesis (a pesar de que esta es  sumamente importante), sino a recurrir a ella a partir de problemas que extralimiten las aulas y se manifiestan en otras disciplinas.

Un rasgo que trataré de resaltar es que esos problemas vivos extralimitan la voluntad de solución que podamos adoptar (incluso si “todos los hombres de la tierra se pusieran de acuerdo”). Esto tampoco implicaría un determinismo que no nos deje mayor espacio para respirar. Por eso apelo a la imagen de la caja de Pandora: hay una decisión que podríamos calificar como controlada; sin embargo, lo que a partir de ella se genere es algo que sobrepasa cualquier intención de su inicio. Qué nuevas cajas se abran posteriormente para apaliar los efectos de la anterior, está “determinada” por ella sólo en cuanto la tenemos en cuenta, nos preocupa y nos concierne directamente.La filosofía, en este sentido, podría ser la historia de los textos en los cuales al mismo tiempo acontece y se revisa ese proceso de “apertura de cajas”.

Tiendo a concebir a la filosofía en general como revisión de presupuestos. Haciéndolo podemos movernos a un nivel personal, cultural o incluso global. A diferencia de otras disciplinas, en filosofía por excelencia no hay un “pero así son las cosas” que se señale al llegar a los marcos teóricos, que funcionan como supuestos no cuestionados, propios de dichas disciplinas. Esto no significa que ese proceder sea típico de la filosofía, sino sólo que ella lo asume como labor propia, es “lo suyo” por así decirlo.

Esto será parte del soporte que estará detrás de este blog, aunque no valga para todos los posts que ahí tendrán lugar. Ya que intentaré tocar una serie de temas de mi interés, desde los académicos hasta otros más light. Sólo espero que el estilo informal y breve del blog (algo que es un reto para mi) me permita hacer esto sin desmedro del contenido.

Con respecto a esto, algo que debo mencionar es que este blog fue creado hace ya tiempo; sin embargo, recién ahora empezaré a colgar posts. La razón de esto es que esperaba que fuera un motivo para motivarme a investigar más de los temas a tratar; esperaba poder pequeñas citas de textos alguna vez leidos, lo que crearía algo así como un blog de “mini ensayos”. Por esto guardaba mis borradores en mi PC con la intención de irlos perfeccionando y luego publicarlos. Pero el tiempo me mostró que en realidad no podría hacer tal cosa. Primero, porque las otras actividades consumen mucho tiempo; segundo, porque, como un par de amigos me dijeron desde el inicio, un blog es algo más informal, más “tranqui”, sólo para colocar algunos lineamiantos. Siempre tuvieron razón y eso es lo que intentaré hacer. Espero, además, que esto me ayude a perder ese miedo que me embarga al estar frente a la hoja en blanco cada vez que tengo que empezar a escribir un ensayo, o, peor aún, cuando pienso en la elaboración de mi tesis. He sido siempre un gran procrastinator, lo cual me ha costado el hacer ensayos en los que no terminaba de aprovechar ni en su mitad la bibliografía que había consultado por falta de tiempo. Supongo que el truco consistirá en empezar a escribir sin tanto miedo, para que luego, tampoco tenga mucho miedo de borrar secciones enteras para reemplazarlas por algo mejor. Es decir, trataré de que esto sea un ejercicio para cambiar el modelo de “evaluar – planificar – reevaluar – andar” por el de “evaluar – andar – reevaluar – desandar – reandar”.

Quisiera agradecer finalmente a algunas personas sin las cuales este blog nunca habría existido. Brevemente, a Daniel Luna (que tiene el blog no auspiciado más continuamente renovado que conozco) con quien hablé de esto y me dio ánimos; a Eduardo Marisca (que tiene el blog -tampoco auspiciado- con más posts que conozco) a quien en algunas oportunidades escuché nombrar las que para él eran las virtudes de tener un blog; a Martín Valdez, cuyo blog es, si mal no recuerdo, el único que he comentado; a Raúl Zegarra, quien, a pesar de tener la costumbre de tener posts tan grandes que deben dividirse en 3 o 4 partes, me ha mostrado cómo se puede intentar modificar lo visto en aulas con algo más “para público en general” como es un blog. Otras personas ligadas directa o indirectamente a los blogs como Dahiana Alfaro, Roxana Escobar, Susana Cabanillas, Víctor Krebs, entre otros, son también personas a las que agradezco.

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