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Algunas observaciones sobre los desastres (socio)naturales (en Perú, marzo 2017)

Basándome en mi propia experiencia laboral y educativa previa y por lo que estoy analizando ahora mismo, espero que los siguientes puntos sean de utilidad para enfocar las emercencias y desastres que suceden ahora.
1. ¿Se debe al cambio climático (CC)? La pregunta, así formulada, es un poco tramposa. Se puede decir que como tendencia general (ojo: general) sí está agudizando algunas dinámicas en cuanto a intensidad, frecuencia y cambios de patrones. En este caso, estaría interactuando mucho con fenómenos como El Niño, La Niña o el presente fenómeno (hay que tener en cuenta que lo que vemos no ha sido catalogado como un Niño regular sino que la dinámica es algo distinta, de ahí que se esté usando más el rótulo “Niño Costero”, que parecería tener un precedente en 1925) . El problema es que establecer más exactamente cómo ocurre y qué podemos esperar en el corto y largo plazo es sumamente difícil. Ahí cabe hacer un par de observaciones:
(a) el que se tenga esa tendencia a nivel general no significa que pueda hacerse la regionalización (scale down) fácilmente.
(b) podemos enfocar al CC como un factor significativo que se combina con otros, una suerte de “coctel” de factores que incrementan el peligro. ¿Cuánto aporta? ¿Qué tanto “peso” tiene en eso? Es muy difícil de estimar. Lo importante es notar ahora que los peligros no se limitan al cambio climático. Podemos imaginar cómo sería el mundo actual sin cambio climático y aún así habría muchos fenómenos de clima y del tiempo (weather) bastante peligrosos, y estamos ya familiarizados con las dinámicas e impactos de estos.
2. Planificación y prevención:
Como se dice muchas veces, los desastres no son naturales, sino “socio-naturales”, apuntando a que el peligro puede estar ahí, cada vez más fuerte, pero la falta de preparación suele tener más peso. La pregunta que sigue es ¿qué tan desprevenidos nos ha tomado todo esto? Siguiendo con lo anterior: sí, puede haber elementos nuevos para los cuáles no estábamos preparados y de los cuáles podríamos decir “nos tomó por sorpresa”. Pero (y es un “pero” muy grande) también hay muchísimos para los que usar una frase sería realmente cínico y cobarde, pues ya debíamos estar preparados desde mucho antes. Por este lado van las críticas a las autoridades: por la falta de ejecución de obras y de coordinación con las personas. Ellos no pueden escudarse en un simple “nos tomó por sorpresa”.
Por ejemplo: posiblemente, por un tema de intensificación de las lluvias, no resulta posible prever con facilidad qué tan altos deberían ser algunos muros de contención, o quizás no se podía prever bien que el caudal de un río iba a aumentar tanto que llegaría a afectar un puente bien construído según los escenarios previos. Entonces, sí, hay algunos elementos que podrían tomar por sopresa. Sin embargo, la mayoría de los problemas que se observan ahora en la infraestructura y la planificación no son de aquel tipo, sino mucho más básicos y previsibles, como la falta de existencia -a secas- de muros, o puentes muy mal construidos que colapsarían ante la primera gran crecida de un río, o poblaciones asentadas en lugares muy expuestos, y un largo etc. Y todo eso sería un problema, nuevamente, aún si no existiera el cambio climático.
A esto se suma, claro, el hecho de que aún si los elementos son sorpresivos, esto no implica que se nos tome completamente fríos. Para hacer la analogía con una pelea: puede que venga algún golpe que “nos madruge”, pero una preparación adecuada implica también estar preparado para que ese golpe sorpresivo no implique prácticamente un knock out. ¿Los muros no fueron suficientemente altos o incluso los puentes buenos se afectaron? ok, pero ¿qué plan de contingencia tienes para ello?
3. No es solo un problema de las autoridades, sino también de nosotros mismos como población. Esto no quiere decir que tengan el mismo nivel de responsabilidad. Sí puede asignársele más responsabilidad a la seguidilla de gestiones insuficientes, especialmente cuando vemos los bajos niveles de ejecución de presupuesto para gestión de riesgo de desastres, y peor aún, que lo gastado se ejecutó en obras mal hechas y en algunos casos explicadas por corrupción.
Sin embargo, eso no debe hacernos ciegos ante problemas que tienen que ver directamente con la población. Esto se ve claro en los casos de personas que pese a tener su casa en una zona sumamente expuesta, como un lecho seco, se niegan a ser trasladadas. En algunos casos esto se debe por desconfiar de las autoridades, claro; pero también hay incentivos perversos, por ejemplo, a veces el interés es conseguir un pago por reubicación aun si el terreno fue invadido; también se hace muchas veces presión para que algunos instrumentos para la gestión se demoren; por ejemplo demorar la aparición de un adecuado mapa de peligros ya que eso disminuiría mucho el valor de las propiedades. No se puede desatender ese lado de las responsabilidades.
4. Las estrategias no son para nada obvias. Se habla, a veces, rápidamente de forestar/reforestar como solución. Eso podría disminuir la exposición de personas en algunos lugares, pero en algunos otros resulta inútil, ya que la ladera es tan rocosa que no se puede forestar, o porque el deslizamiento podría ser tan fuerte que ni la (re)forestación podría contenerlo. A veces, movilizar completamente es la única solución. Es solo un ejemplo, las consideraciones son mucho más complejas e involucran aspectos técnicos, socio-económicos y políticos fuertemente.
5. Si estamos así para deslizamientos, ¿cómo sería para un sismo intenso? ¿Podríamos ya, de una buena vez, no solo “pensar en lo que pasaría” sino ya planificar efectivamente y tomar acción? Muchas ciudades del país son una vergüenza en cuanto a preparación para este tipo de desastres. Desastres que no avisan, que no tienen una periodicidad aproximada, sino que solo sabemos que tenemos que estar preparados y punto. Y ahí el problema, a nivel de cada localidad, no es solo de educación y sensibilización, me parece, sino de las trabas para pasar del “saber y sentir” ese peligro potencial a “cambiar la situación” Y pareciera que ni a nivel de autoridades ni a nivel de población en general hay suficientes ganas para destrabar las dinámicas perversas que impiden o ralentizan ese cambio.
6. Habiendo dicho lo previo, sí hay un punto relacionado a la sensibilización. Una factura alta que nos pasa el centralismo del país es que muchos problemas nacionales no se “sienten” en los medios o en instancias de gobierno (hasta en algunas empresas) hasta que Lima no es afectada. No deberíamos tener que llegar a ese punto para que las emergencias suban su orden prioritario en las agendas.
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¿Por qué les cuesta tanto a las posiciones críticas aceptar contra-críticas?

1 noviembre 2015 Deja un comentario

Nunca deja de llamarme la atención cómo posturas que adoptan un punto de vista crítico tienen ese problema. Ya sea del progresismo, socialismo, liberalismo, feminismo, y otros, sean “ismos” o no. Y no se trata de dejar de valorarlos. Sus posturas han sido y siguen siendo completamente valiosas: sus reflexiones merecen ser escuchadas y discutidas y muchas de sus luchas, apoyadas, tanto en un plano político como académico.
Sin embargo, al momento de intentar hacer una crítica hacia sus ideas básicas (o no tan básicas) o decisiones políticas, parece ser que la apertura es solo hacia posturas que sean también críticas o que vengan de actores tan o más “desprivilegiados” que ellos mismos. Pero, mirando al otro lado, a lo que ellos critican, la apertura parece ser casi nula; como si el conservadurismo, neo-liberalismo/capitalismo y demás contrapartes no tuvieran nada relevante a ser escuchado, porque prácticamente cualquier cosa que puedan decir es, explícita o implícitamente, consciente o inconscientemente, solo una defensa de su propia posición de privilegio o un intento de legitimación de las relaciones de poder.

Y, si se intenta hacer una crítica a esos defensores de los “ismos” críticos, las cartas a jugar suelen ser frases del tipo:

  • “decir eso es hacerle el juego a los conservadores / neo-liberales / etc., ¡date cuenta!”
  • “si piensas eso es porque, quizás sin quererlo claro, te mueves (a-críticamente) dentro de las categorías que debemos criticar”
  • “bueno, es que aún no la ves bien, tendrías que leer tales autores y pasar tales experiencias para entender, cuando lo hagas te darás cuenta de que tenemos razón”
  • “pero hacer una crítica a la crítica está bien para una clase o un café, para una conversación interesante, pero no más allá de eso; la lucha debe hacerse en pro de todos”
  • (y otras más que se repiten con menor frecuencia).

También podemos ir con esos críticos y preguntarles algo como: “¿y qué pasa si en algún punto, uno al menos, de lo que defiendes caes en un exceso? ¿es eso posible?” Más aún, “¿qué pasa si en ese punto en particular, no en general, es tu rival quien tiene la razón?” Las respuestas ahí suelen variar entre “no, en ningún aspecto de nuestro debate el otro tiene la razón” y “bueno, podría pasar, claro, yo no soy infalible”. Si es lo segundo, el problema llega cuando se piden ejemplos: en mi experiencia personal, al preguntarlo eso, casi nunca son capaces de dar ejemplos en que se evidencie que sus criticados tienen un mejor punto. Lo reconocen para otros temas, como la capacidad para organizar gente, movilizar recursos, usar los medios, permanecer en el poder… pero prácticamente nunca para los temas propios del debate, del quid de su crítica. Y esto aparece una, y otra, y otra vez en conversaciones, en debates, en foros, en blogs, diarios, posts de facebook, etc.

Esa incapacidad para aceptar contra-críticas también es peligrosa, en tanto bloquea canales de comunicación y polariza las posiciones, además de cierta suposición de que los defensores de las posturas contrarias son o bien ingenuos, porque “no la ven” o bien astutos o simplemente personas aferradas a sus posiciones de poder y “no quieren perder”.  Es cierto que muchas veces ese es el caso, pero tampoco se puede aceptar una generalización de ese tipo sobre cualquier postura o idea conservadora, de derecha, etc. Por eso es también necesario promover que los defensores de esas posturas críticas se hagan a sí mismos la pregunta (al menos solo internamente):

“¿Hay algún punto en el que esté sobre-interpretando y, quizás, ese a quien critico tiene mejores argumentos? ¿Cuáles serían?”.

Pregunta que también es válida para sus criticados, obviamente. Sin esto, los verdaderos debates, no los diálogos de sordos, no podrán darse.

Por último: tal vez esto parezca ingenuo pedir algo así cuando se trata de dinámicas políticas, lo que implica balances y  luchas de poderes, muchas veces de tipo muy crudo. Esto es cierto. Pero tampoco se trata de hinchadas o de “bandas” en que cada parte es casi incapaz de reconocerle algo a la posición contraria. Tender los canales de comunicación es necesario, y no solo por intereses propios, sino porque los temas en discusión lo permiten y piden. Además, ver ese proceso de abrir canales como ingenuo corre el riesgo ya mencionado de generar una situación en que cada postura vaya hacia su propio lado, polarizando posiciones y volviendo más crudos los enfrentamientos. Espero que podamos acordar que el hecho de que algo así suceda es también peligroso.

Notas sobre la abnegación maternal con motivo del día de la madre

Tal vez la abnegación no sea el tema del episodio de este video, pero de que está implicado, creo que lo está. De ahí no faltó mucho para hilvanar ideas por este día, y vá:

Hasta ahora hoy he visto principalmente dos tipos de mensajes referidos a la abnegación de la madre: por un lado, están quienes lo valoran mucho y lo agradecen en demasía y señalan hacerlo recurrentemente aunque tal vez no se note; por otro, quienes aprovechan la fecha para poner en cuestión la asignación de un valor así a las madres -en pocos casos- y a la mujer (“en general”) -en más casos- junto con el recordatorio de que feminidad no tiene que venir en un paquete 2×1 con maternidad.
Un puñado de personas, más abarcantemente, han tratado de combinar ambos, pero eso implica -me da la impresión- hacer que lo segundo sirva de límites para canalizar el deflujo del agradecimiento por la abnegación maternal que ya ha sido recibida.
Y por más de que en el armado tenga realmente sentido, creo que el balance entre esa abnegación y la libertad (de determinación y elección) que está a la base del recordatorio mencionado, no está tan claro como debería. No creo que sea suficiente señalar que la solución básica o la base de la solución pasa por un “bueno, la idea es que cada mujer tenga la libertad de ser abnegada o no, pero que lo decida por sí misma”, y no lo creo porque en muchos casos el llamado a tal abnegación llega antes de que la libertad pueda determinarse por ella, y, justamente en esos casos, aquella solución básica que va en pro de la defensa del valor de la libertad (que todos queremos) sólo forzadamente puede pretender ser “básica” sin más.
NB: No defiendo que no pueda serlo, o que no haya ventajas en tratar de hacerlo; mi punto no es ese, sino señalar que el conflicto entre abnegación y libertad no puede resolverse fácilmente simplemente señalando a lo segundo como requisito de lo primero; y por tanto no puedo dejar de mirar con desconfianza a lecturas que pretendan hacerlo.
Y si menciono todo esto no es solo por un tema “medio intelectual”, sino porque ese conflicto es algo que he visto también en mi madre y en muchas otras mujeres, quienes a veces me han proyectado que también está la otra ruta de solución del conflicto: tratar de colocar a la abnegación como un prerrequisito de la libertad. El problema es tal vez, que, siendo la abnegación responsabilidad aderezada en martirio, esto último puede tomar control hasta el punto de crear un situación contraproducente (ejem. en la figura de una madre que por amor daña salud, lo que a larga le recortaría las posibilidades distintas de manifestar dicha responsabilidad).
No sé si para muchos resulte ingenua la idea de limitar las libertades poniéndole como base a las responsabilidades, pero si tienen un caso cercano en una madre, tía o abuela que así haya actuado, incluso sin que sea a sabiendas, pues espero que al menos replique un poco esa pregunta, pregunta que en mí sí ha calado y mucho. Pregunta que me hace a la vez preguntarme por qué, por ejemplo, si se nota una brecha de género al respecto, en lugar de proponer un movimiento liberador de las mujeres (y de todos los demás también –para hacer justicia a esta posición) lejos de la abnegación y reafirmando como condición de posibilidad de cualquier cosa que se abrace el valor de la libertad como algo fundamental, no se intenta hacer más para llevar más a los hombres hacia ella, pero claro, teniendo en cuenta lo mencionado sobre el peligro del elemento martírico que en ella hay, que debería ser controlado (si es que no eliminado). ¿Es una batalla perdida acaso?
Yo heredé de mi madre el tener que hacer frente a esa tensión entre responsabilidad y libertad, e intento seguirla en su orden prioritario. Lo que espero ahora es que en mi ruta de vida los traspiés no sean muchos, y que fracasar no sea mi futuro. En ella no lo ha sido.

Carta abierta a León Trahtemberg sobre su postura acerca de la situación en Gaza

30 noviembre 2012 Deja un comentario

Estimado León Trahtemberg:

Luego de conocer con sorpresa su postura respecto a la situación en Gaza tras leer su artículo, continuación y entrevista radial, y pese a las advertencias colocadas ahí mismo o en su página de Facebook sobre borrar los comentarios que no guarden la compostura o que no entiendan que es “sólo una opinión”, me tomaré la licencia de criticarlo.

Según entiendo su intención es la de ser una suerte de “contrapeso informativo”, pues considera que los medios están presentando sólo parcial y -en gran medida- sensacionalistamente lo que sucede ahí. Ud. sintió como deber propio dar la imagen de lo que está “en el otro platillo de la balanza” aprovechando su posición y experiencia propias. Para ello advierte que su opinión podría no gustar y que podría incluso ser juzgada como parcializada por muchos.

En primera instancia, todo ello suena bastante razonable y respetable , pero, si vamos un poco más a detalle, mostraremos cómo hace ascuas. Empecemos por la manera de justificarse. Decir que es una opinión y anunciar que es parcializada no es un escudo suficiente. No sólo por la obvia razón de que toda opinión, siempre que se guarde el respeto obviamente, es susceptible de crítica. Más allá de eso: es comprensible que Ud. por filiaciones personales, familiares, educativas, tradicionales, e incluso hasta étnicas y religiosas, se pronuncie por una de las partes. Tomar partido no es ningún problema. El problema es la forma en que lo ha hecho. Me explico.

Toda persona tiene derecho a verter sus opiniones obviamente, pero eso tiene algunas condiciones que van más allá de la regla general de respeto. Hay, según las circunstancias reglas más particulares según quién, a quién,en qué contexto y por qué medio lo diga. Y Ud., por decirlo en breve, tiene sobre sus hombros una doble responsabilidad de la que no puede desembarazarse (una que no es legal obviamente, pero sí moral). En primer lugar, considerando el medio y su posición: Ud. ha vertido sus opiniones personales en un foro que merecidamente ha ganado respeto por su labor en pro de la educación; pero ahora ha sido usado para verter opioniones políticas. No quiero decir con esto que dicha plataforma deba ser exclusiva para temas educativos, sino sólo que, el ir más allá de ellos implica una responsabilidad extra, y muy especialmente considerando que es un tema de política internacional y de este tipo. Ahí Ud. por su posición en el entramado social como  líder de opinión (o al menos de núcleo de debates) en el escenario educativo peruano tiene un peso extra sobre sí . Pero aparte de ello, y no viendo sólo ya el medio o su posición, también podemos cuestionarlo en un punto aún más delicado.  Ud., en tanto ser humano con una formación académica, no debería perder de vista el sutil pero potencialmente gran peligro de su entrada al tema cuando critica la parcialidad de algunos medios, así que, en respuesta, presenta la contraparte… y punto. Eso no ayuda en nada a evitar la muy peligrosa polarización de opiniones; e incluso ayudaría a promoverla. El haberse quedado con el tipo de análisis con el que se quedó implica también una irresponsabilidad.  Era necesario dar un paso extra, el cual suele tener dos rutas: (a) buscar ser neutral y hacer un balance tan objetivo como sea posible de las posiciones encontradas. Pero entiendo que eso no le es posible debido a los fuertes vínculos que guarda con una de las partes. No obstante, queda otra opición: (b) ir más allá del mero enunciamiento de posiciones y empezar a trabajar, con la mayor honestidad posible, en el rebatimiento de las posiciones contrarias (sin caer en erística obviamente)  y así intentar llegar a los puntos comunes que permitan una salida del tema; salida que implica un clamor de justicia para lo cual se necesitan recuentos históricos, debates y diálogo.

Si se quiere un ejemplo véase aquí cómo Farid Kahatt ha entrado al tema. Él ha escrito también desde una posición comprometida con una de las partes, pero él  sí ha asumido la responsabilidad de dar aquel paso extra. En su texto (y también en su debate -a mi parecer ganado- con Roberto Heimovits) podemos ver algo que en los artículos que Ud. ha escrito brilla por su ausencia: por un lado, ir más allá de decir que en ambos lados hay sufrimiento o zozobra, y comparar  los niveles de estabilidad, vulnerabilidad y motivos de la gran diferencia de número de víctimas; y por otro lado, a presentación de datos  de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, ACNUR, La Haya, etc. Y todo eso sin dejar de reconocer que tanto Hamas como el Estado Israelí pueden y deben ser juzgados por sus ataques a civiles. Y es que este es un juego de cuatro actores principales: los pueblos judío y palestino y los gobiernos de Israel y de Hamas en Gaza (aunque este último no sea reconocido como tal sino como organización terrorista por algunos otros actores).  De ahí que cobre suma importancia el punto esgrimido por Kahatt al decir que Amnistía Internacional indica que hay pruebas sobre el uso por parte del ejército israelí de civiles palestinos como escudos humanos. Ud. tiene derecho a no creerle a esta organización, pero tendrá que sustentarlo.  Asimismo, el tema del uso de bombas de fósforo blanco tira por los suelos la postura de que los ataques del gobierno israelí son “quirúrgicos” –calificativo común en las declaraciones sobre sus intenciones de “ataques preventivos” y del que Ud. también hace uso–.  Además, incluso si le hacemos caso a Ud. y asumimos que los medios europeos han presentado la información de una manera sumamente parcializada, dicha parcialidad no borraría la evidencia acerca de cuán afectada ha sido la población civil y que esas incursiones de “quirúrgicas”, estimado León Trahtemberg, no tuvieron absolutamente o nada.

A los puntos señalados en aquel artículo, añadiría algunos otros que Ud. tal vez deliberadamente –espero que no– deja fuera:

  1. Es cierto que Hamas es responsable del recrudecimiento en las actitudes del pueblo palestino asentado en Gaza, pero también el gobierno israelí lo es; y no sólo por las incursiones armadas, sino por el constante e ilegal estado de ocupación (reconocido como tal y calificado de  ilegal por la ONU) que incluye el muro y los prisioneros sin condena. Decir que “lamentablemente tiene que ser así para poder protegernos” no es suficiente si está violando el derecho internacional (por otra parte, ¿no son razonamientos justamente de ese tipo los que propiciaron el abuso de poder de nuestras FFAA en su lucha contra Sendero Luminoso? — sólo lo menciono porque Ud. quiere hacer el paralelo con SL en algún punto… bueno, eso puede ser un gran autogol). Considerar también cómo ha subido el nivel de apoyo a Hamas desde su victoria en las elecciones hasta el momento actual .
  2. Se menciona en la entrevista radial una sospecha  de presencia de capitales árabes en los medios de comunicación. Esa acusación también debería contrastarse con la tambén sospecha de una presión de lobbies judíos tras el financiamiento al gobierno israelí. ¿Qué hace a una sospecha más legítima que a la otra?
  3. Sobre la legitimidad del gobierno de Hamas: El considerar a Hamas como un movimiento terrorista y desconocerlo como gobierno legítimo es una posición sostenida por  EEUU, la UE, Israel y Japón; pero muchos otros países y organismos no la comparten, e incluso, por su victoria electoral, algunos sí lo ven como un gobierno legítimo, uno que, justamente en tanto gobierno, es imputable y tendrá que responder por una serie de atrocidades. Así es también una parcialidad significativa asumir que es simplemente una organización terrorista y cerrar la posibilidad a que sea un gobierno imputable (incluso para acusarlos de un “terrorismo de Estado” si se quiere). Y yendo incluso muchos pasos más allá: ¿por qué no preguntarnos también por la legitimidad del gobierno y del Estado israelíes como tales? Esta es una posición minoritaria, pero también debe ser tomada en cuenta  especialmente si la vemos en judíos anti-sionistas (aquí, aquí y aquí), o, para no ponernos tan extremos, la de jóvenes que se niegan a prestar el servicio militar.  Es cierto que, pragmáticamente hablando, ya no hay marcha atrás y no podremos cuestionar la presencia del Estado israelí en este escenario, pero dichas posturas (¿marginalizadas?) podrían llegar a cobrar central importancia  al momento de hablar de la justificación para el futuro establecimiento de fronteras o de cómo –ahora que Palestina acaba de ser reconocida como Estado observador– Israel tendrá que responder por su negativa a irse de lo que ya no es solo “territorio ocupado” sino, ahora, “Estado ocupado”.
  4. Si bien se puede deducir que claramente Gaza recibe el armamento de países vecinos, especialmente Irán, la posición de Israel no es mejor ya que recibe financiamiento de EEUU, que asciende a cerca de 3 mil millones anuales, gran parte del cual es invertido en armamento. En ese sentido, comparar la facilidad de entrada  así como el tipo de armamento conseguido, hace que la balanza no sea favorable a la posición del gobierno israelí. ¿Es legítimo en un caso pero no en el otro porque Israel es un Estado y Hamas no? Si su razonamiento va por ahí, volvemos al tema de la legitimidad de Hamas que cuestionamos arriba.
  5. Una pregunta final que dejo a su conciencia –y espero que también a su pronunciamiento- es si el posible sesgo de las agencias noticiosas es anti-israelí o anti-sionista. ¿O es que tal vez para Ud. la diferencia entre ambas no tiene real cabida al menos para estas circunstancias?

Estimado León Trahtemberg, confío en que Ud. procesará de la mejor manera posible esta crítica sobre la que me parece es una –hasta ahora- irresponsabilidad de su parte. Espero también que, de tener el tiempo, pueda dar respuesta.

Sin otro particular me despido de Ud.

Omar Valencia G.

Cuadro completo (un balance de los candidatos)

4 junio 2011 1 comentario

Luego de haber hecho circular la versión preliminar entre algunos conocidos para completar los argumentos, cuelgo la versión final del cuadro. Espero sea de utilidad para ustedes y lo difundan si lo consideran pertinente.

Bájese en el sgte. link:  Cuadro de comparación de Keiko y Ollanta

Gracias

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Cuadro comparativo de las dos candidaturas

Intenté colgar esto en google docs pero presentó problemas. Lo cuelgo por este medio entonces.

Me he pasado los últimos días armando este cuadrito sobre las elecciones. Por una cuestión de tiempo les pido su ayuda para completarlo, pues a mí sólo me demanda demasiado tiempo. Les pediría, entonces, que baje el documento, lo revisen y me envíen sus aportes.

Pueden ser nuevos temas, nuevos links de fuentes confiables, modificaciones que debería hacer, etc. Sería xvr si lo hacen con la opción de comentarios (globitos) o con el control de cambios activo para darme cuenta rápidamente.

Si conocen a alguien que pudiese aportar con información valiosa para una de las dos columnas, siéntanse libres de enviarlo y luego me reenvían el docomento con lo que aquellas personas han modificado.
La idea es tener algo listo (hasta donde sea posible) para mañana para el medio día (aprox.) y así tener tiempo para difundirlo viernes y sábado si es que uds. consideran valiosa esta iniciativa. Por eso, lo ideal sería que los feedbacks lleguen hoy por la noche.

Dejo el cuadro colgado como documento Word en el siguiente link:

Cuadro de comparación (central)

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Avatar y el buen salvaje

26 enero 2010 1 comentario

Hace unos días pude ver recién Avatar. Es relevante porque ya habían pasado meses sin ir a un cine, pero también por algunas otras razones. Primero, porque he escuchado las opiniones más disímiles al respecto: desde aquellos que estuvieron maravillados, hasta aquellos que la califican de sobreestimada o de reduccionista. Segundo, porque había leído un pequeño editorial de Marco Sifuentes en Perú21, “Baguatar“, que comparaba la situación de los Na´vi con la de los awajún en Bagua. Se comparaba no sólo el tema del conflicto, las similitudes de los actores, sino también nuestra recepción: nuestra distinta sensibilidad ante cada uno de estos problemas paralelos. Otro comentario fue el del blog de Martín Valdez, quien valiéndose de la filosofía política de Kant (específicamente, el principio cosmopolita o de derecho de visita mencionado en La paz perpetua) nos recordaba que si hay algún derecho en estos casos, se trata de un derecho de visita guiado por la noción de hospitalidad universal.

Antes de revisar las opiniones allí vertidas quisiera mencionar algo que me parece un relevante paso previo. Revisando la web me he dado cuenta de que no son pocos los que dicen que la película no es mucho más que Danza con lobos con grandes efectos especiales. A pesar de la enorme cercanía en sus tramas, hay diferencias a resaltar. Primero, Avatar sí tiene un final feliz (al menos hasta que aparezca un Avatar2 en que la compañía -o algún otro agente terrícola- regrese). Y puede permitirse eso ya que, a diferencia de Danza con lobos, no es un relato sobre algo ya acontecido, el desenlace no está programado. Pero justamente este pequeño detalle cambia la tónica de ambas cintas. En Avatar no se trata ya de ahondar en un hecho histórico buscándole una forma artística de presentación,  de forma tal que los estadounidenses (y por analogía muchas otras naciones) afinen su sensibilidad sobre un hecho histórico que marca trágicamente el camino hacia la conformación de su nación, sino que funciona, al menos en una primera lectura, como una advertencia a una emergencia a todas luces actual: la amenaza que el centramiento en el capital puede significar no sólo para otros seres vivos particulares, especialmente seres vivos inteligentes, sino también a un mundo vivo en su conjunto. De ahí que el enemigo ya no es la expansión de los Estados-nación como en el siglo XVIII, sino la expansión del capital que entierre en su camino tanto a seres racionales como al entorno completo en el que se encuentren.

Otro punto en el cual reparar es que  notamos que la comprensión de la vida de los Na´vi  no es exitosa ni por parte de los empresarios, ni de los militares, ni tampoco por parte de los bienintencionados científicos quienes eran los agentes que se habían contactado con ellos hasta el momento en que la historia es tomada. ¿Soy el único que se preguntaba por qué no había ningún antropólogo o equivalente en el siglo XXII? ¿Se extinguieron? ¿Dejaron de ser necesarios y se cerró la carrera en las universidades? ¿Dejaron las compañías mineras de necesitar de ellos como mediadores y resolutores de conflictos? En todo caso, lo importante es que es un soldado de pocas habilidades que llegó ahí por ser familiar (gemelo) de alguien, sin lo que podríamos llamar “tacto social”, el que logra adentrarse entre los Na´vi de la mejor manera. Es él, quien también por suerte es asimilado ya quieren ver cómo es un “guerrero humano”, quien logra entenderlos mejor al dejarse llevar por la vida cotidiana y el lenguaje. Esto me trae a la mente el llamado central de Levinas que podría condensarse señalando que sólo hay ética si tratamos al otro en su particularidad, y no dejamos que sea asimilado o leído desde un concepto previo que lo explique y “nos lo acerque”. Pero, sin entrar a lo que este autor diga, es fácil reconocer que no bastaba con la convivencia o el estudio pormenorizado, pues la doctora que también era un avatar ya lo había hecho y no había logrado aproximarse a su forma de vida.

Teniendo en cuenta esa diferencia como trasfondo paso a la comparación (que no pasa de esbozos) de la película y las relaciones con comunidades reales como los awajún de Bagua, ya que parece ser una buena comparación, especialmente si se trata de sensibilización o creación de conciencia como suele decirse.

Estoy seguro de que prácticamente todos los que han visto la película, si pudieran pronunciarse sobre el caso, se pondrían del lado de los Na´vi, lo que podría llevarnos a creer que inevitablemente daríamos nuestro apoyo a las comunidades nativas en caso de conflicto. Sin embargo, los conflictos sociales suelen complejizar la situación de tal forma que comienzan a formarse situaciones más grises en las que no sabemos hasta qué punto podemos seguir protegiendo al nativo.

En primer lugar, en Avatar, la doctora, y todos los que intentan asumir el lugar de negociadores, fracasan en su labor. La razón es simple y es dicho más de una vez en la película: no tienen nada que a los Na´vi les pueda interesar. Esto ya es un contraste con los casos reales de relación entre Estados o empresas y las comunidades nativas, ya que estas últimas siempre parecen tener interés en algo: medicinas, alimentos, semillas, herramientas para agro o pesca, ropa, etc. De forma tal que el problema se convierte en cómo negociar, qué ofrecerles y cuánto, y también qué responsabilidad podría haber en eso ya que dar algún elemento novedoso (por ejemplo, dinamita o medicinas).

Un segundo punto a resalta en la película es que los jóvenes prácticamente no tienen voz. Sus intervenciones son muy breves y sólo complementan las de aquellos que ya están en la adultez o están justamente pasando a dicha etapa. Esto marca una segunda gran diferencia, ya que no se ofrece un escenario que implique conflictos generacionales, lo cual es algo común cuando se presenta un conflicto real.

Un tercer contraste es que los distintos clanes en Pandora estaban en una situación pacífica al parecer. No hay un conflicto o incluso un abuso ante un determinado grupo que sirva de excusa para la intervención por “ayuda humanitaria”.

Ahora bien, teniendo en cuenta por lo menos estas tres diferencias luego de la comparación, puedo llegar a donde me interesa: Los Na´vi son un excelente ejemplo de buen salvaje: conviven bien con su entorno, respetan la vida y aceptan la muerte, cuidan unos de otros, la naturaleza aún no se ha alejado de ellos; en otras palabras (en las de Rousseau) la sociedad aún no los ha corrompido.

Sin embargo, para el escenario de la película, me parece que no hay mucho que reclamar al respecto, como si habría que hacerlo si alguien quiere ver a los awajún o a alguna otra comunidad como buenos salvajes. Sabemos que eso no debería hacerse no sólo porque es una reducción, una infantilización en muchos casos, sino también porque adoptar un tal punto de vista podría traer consecuencias sumamente negativas al momento de iniciar una negociación o por las consecuencias a largo plazo de dicha negociación.

Pero, ¿por qué digo entonces que en la película este no es un factor tan relevante? La respuesta: Los Na´vi pueden ser auténticamente presentados como buenos salvajes porque tienen algo que ningún humano tiene: su cabello. Recordemos que en el extremo de su cabellera tienen una especie de terminal nerviosa que les permite conectarse directamente con otras especies y con el “sistema nervioso” del planeta. En otras palabras, tienen un vínculo extra- o supra- lingüístico que los cohesiona. De ahí que puedan mantener el equilibrio o balance que, según la trama, los humanos ya hace mucho perdimos. Ellos logran una conexión instantánea con los demás seres vivos: instantánea no en el sentido de que cualquiera pueda hacerlo de buenas a primeras, sino en el sentido de que quien haya sido lo suficientemente iniciado, puede lograr esa conexión plena de entendimiento, esa consonancia casi mágica con los demás. Es gracias a esa conexión instantánea que se consigue el balance, el equilibrio que impera sobre los pequeños actos de violencia, agresión, y también los de amor, cuidado y comprensión: balance que recae en el árbol vital que brinda su apoyo en la batalla final.

Con todo ello se explica por qué no tienen la necesidad de los múltiples bienes ofrecidos por los humanos, ni tampoco se crean mayores conflictos generacionales, ni parece haber grandes rivalidades entre los clanes. Tal vez se maravillen por alguna novedad humana, pero ya tienen lo que necesitan en su mundo. Hay jóvenes, tal vez rebeldes, pero no rompen con su equilibrio social. Hay guerreros entrenados y probablemente rivalidades entre clanes, pero al parecer no hay masacres ni esclavitud entre ellos.

Por otro lado, nosotros no tenemos esa conexión extra lingüística. Nosotros tenemos que vérnoslas con la fragilidad del lenguaje y de la capacidad de diálogo y negociación al no poder entablar relaciones simbióticas con los demás, o aún más difícilmente, con el entorno.

No es para nada vano resaltar esto, porque si reparamos en los siglos XVI-XVIII, encontraremos a autores como Las Casas, Erasmo, Moro, Shaftesburry, Locke, Rousseau o incluso Voltaire, Franklin y Defoe que justamente podían postular una noción aproximada de “buen salvaje” dado que creían firmemente que había alguna dimensión humana que permitiría una consonancia semejante que sobrepase las posibilidades del frágil lenguaje: los sentimientos, las pasiones, los instintos o el alma; es decir, algo profundo y puro en nuestra humanidad que habría sido encubierto o incluso enterrado por el proceso civilizatorio. Esto tenía como correlato que aquellos civilizados que llegaban a las tierras de estas personas puras fueran vistos como abusivos en exceso.

Comparar la visión de Bartolomé de las Casas con la de James Cameron no estaría de más en este punto pues tienen, a pesar de las diferencias, un aspecto común: hacen quedar mal a su propio grupo, pero de forma tal que al mismo tiempo lanzan un llamado de alerta colocando como urgencia la necesidad de cambiar nuestra manera de ver el mundo. Pero también hay una diferencia significativa. El contexto de Las Casas era el de la rivalidad entre Estados-nación, de ahí que se aprovechasen sus publicaciones para generar la llamada leyenda negra contra los españoles; pero en la película (y lo que ya vivimos ahora en gran medida), el peligro ya no está en la expansión colonial de los Estados (como en Danza con Lobos), sino en la expansión de una sociedad de mercado que ha englobado a casi toda la humanidad y de la cual seguramente forman parte todos los que pueden ir a un cine a ver esta película.

Pero, de la misma manera en que con el tiempo se mostró que las propuestas que postulaban un camino de encuentro en las pasiones, los instintos o en el alma traían consigo una serie de problemas insospechados (lo que ocasionaría finalmente el cuestionamiento y abandono del el mito del buen salvaje), también podríamos empezar ahora a desconfiar al menos de las posturas que busquen reconciliarnos con la naturaleza y los “hombres que aún viven en consonancia con ella” buscando una especie de mágico equilibrio universal que residiría “en el interior más puro de todos nosotros” como asumen algunos grupos ambientalistas un tanto extremos. Hay, pues,  que vérnoslas con la inevitablemente frágil relación que nos brinda el lenguaje sin que podamos soñar con una conexión metafísica que nos mantenga a todos adecuadamente enlazados.

En conclusión, Avatar tendría la virtud de presentarnos la condición básica para que efectivamente pueda haber un buen salvaje (conexión supra-lingüística que vincule instantáneamente a las formas de vida brindando equilibrio), pero esta es una condición que nosotros sencillamente no tenemos. De ahí que no podamos usar ese locus communis para describir las relaciones humanas.

A pesar de esto, tal como en el caso de los autores de la modernidad que se han mencionado, la falla en el diagnóstico de los actores no tiene por qué implicar una falla en el reconocimiento del escenario. Al momento de presentar a los autores muy fácilmente se puede caer en la diferencia “buenos/malos”, pero al presentar el escenario caer en esos reductivismos es un poco más difícil,  ya que justamente se lo presenta sólo  como trasfondo, sin ser realmente tematizado “en primer plano”. Entonces, tal como en un caso la expansión del modelo del Estado-nación daba muestras de un peligro enorme, así también tenemos muestras del gran peligro que pudiera estar implicado en la expansión del modelo de la sociedad de mercado. Ambas son expansiones que muestran algo sumamente peligroso: el silenciamiento y ocultamiento del valor de la particularidad de los otros.