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Árbitros, cámaras y los chips en el mundial

Dado que hay ambiente mundialista quiero hablar brevemente de un punto que siempre me irritó. Como algunos saben hace un tiempo yo jugaba rugby y, dentro de las varias comparaciones que se puede hacer con el fútbol, hay una que me siempre me llamaba la atención: la constante negativa de la FIFA a implementar un sistema en el que el árbitro pueda recurrir a lo registrado en cámaras para determinar, por ejemplo, la validez de un gol o un offside. Y es que en Rugby eso es parte del juego, y se lo toma como una medida de justicia y de seguridad también para los jugadores. La gran pregunta era ¿por qué no en el fútbol?

(1) Lo primero que tendría que decir es que se debe dejar de lado todo argumento del tipo “imagínate la cantidad de pausas que habría; el juego se haría lentísimo”. Algo que sostiene en conferencia de prensa (es decir, lo dicho ante cámaras, lo que se puede decir) el propio Joseph Blatter: “El fútbol es un juego dinámico que no puede ser detenido a fin de revisar cada decisión. Si se tuviera que detenerlo para tomar una decisión, esto interrumpiría el ritmo del partido”, explicó días después de la última reunión de la IFAB en la que se rechazó la implementación del sistema de cámaras y también el del chip en la pelota.  Habría que dejarlo de lado, en primer lugar, porque esto no es cierto en otros deportes, es más, los espectadores se quedan viendo las repeticiones tal como los fanáticos del futbol se quedan viendo las repeticiones en el noticiero deportivo de la noche o del fin de semana. Segundo, porque las jugadas realmente polémicas son pocas por partido (no deben pasar en promedio de tres o cuatro por juego), es más, se puede poner un máximo de veces en que el árbitro puede consultar (digamos dos). Por último, el cuarto hombre podría tener una pantalla con 3 segundos de retraso y aprovechar el sistema de audio cerrado que ya tienen para comunicarse con el árbitro y así no parar el juego.

Además, ¿no demora más el juego el que los 22 jugadores se amontonan alrededor del árbitro para reclamarle la jugada polémica? “Sí, pero eso es parte del encanto” se respondería.

(2) Eso último nos lleva a un segundo argumento común: “se perdería la gracia/esencia del fútbol”, los que se enfrentan obviamente al contraargumento “¿cómo vas a decir que esa es la esencia del fútbol?, ¿te parecería tal gracia si se lo aplican a tu equipo?” etc. etc. En otras palabras, no es aquél de por sí un argumento, pues es justamente lo que está en juego: si es realmente algo central o solamente circunstancial o periférico al fútbol.

(3) Un tercer argumento es el de la autoridad del árbitro. Joao Havelange, ex presidente de la FIFA dijo hace no mucho “Quien manda en el partido es el árbitro, no una cámara”. A lo que se podría responder sencillamente que ese no es el punto, la decisión y mando siempre estarán en el árbitro; una vez más, otros deportes lo prueban.

(4) Sacando un balance de los tres puntos anteriores surge también el argumento de la conspiración, de “la mano negra”; es decir, aquel que señala que la FIFA no quiere implementar aquél sistema porque así los partidos no podrían arreglarse para privilegiar a algunos, especialmente a los equipos grandes. Y es que claro, suena muy sospechoso que la FIFA misma diga que implementar ese sistema implicaría quitarle “lo bonito” al juego, pues la polémica es algo propio del deporte, especialmente del fútbol. ¿Hay una mafia detrás del fútbol? Cabe sospechar esto, especialmente por el gran poder que la FIFA concentra (piénsese en las terribles consecuencias que trae para un país el que sus equipos sean dejados fuera de las competencias internacionales, como en el caso de la FPF y Burga de hace unos meses). De tiempo en tiempo salen estos argumentos y con la celeridad con la que llegan también se van. Y es que (4b) haya o no haya una mafia detrás y se levanten teorías al respecto, muchos fanáticos del fútbol viven tranquilamente con eso, incluso cuando esto perjudica a su equipo. Es decir, reniegan, se quejan, discuten, etc., pero se asume como una parte del juego, volviendo así al argumento del “encanto” que se coloca por encima de los criterios de justicia.

Por eso me parece que, aparte de la teoría de la “mano negra” (la cual, como digo, podría bien tener un peso amplio), considerar otra interpretación que escuché hace poco y que es tan obvio que normalmente es dejada de lado justamente en pro de teorías que impliquen algo oculto: aceptemos que nos gusta más especular con la hipótesis de un misterio oculto que señalar algo crudamente evidente, aquello nos entretiene mucho más.

La interpretación que escuché hace poco señala simplemente que impedir la implementación de aquellos nuevos sistemas es algo central al fútbol porque así se quitaría a los hinchas muchas de las discusiones de la semana, de la oficina, de los almuerzos, de los café. Yo ampliaría esto señalando que se le restaría, entonces, algo a la “cultura de fútbol” que es más bien lo que la FIFA está interesadísima en promover; conseguir hinchas, fanáticos, adeptos… conseguir que se comente, que esté en boca de todos. Justamente la polémica, el “si no metían ese gol mi equipo hubiese ganado” seguido del “nada que ver, aún así perdían”. Es central que la gente juegue con los “si hubiera… entonces” que cree posibilidades, que maquinen posibilidades y estrategias.

Si lo vemos de este modo, se explican el argumento del “encanto” que usualmente se esgrime sin mayor sustento. A la vez, se entendería el tercero, ya que es necesario que la gente tenga esos sentimientos de posible odio contra el árbitro. También se entiende el cuarto, no porque niegue que haya arreglos ocultos para favorecer a algunos, sino porque el aspecto señalado en 4b, implicaría que incluso las hipótesis de la “mano negra” alimentan la consolidación de la “cultura fútbol” (este mismo post de alguna forma lo alimenta). Lo que importa es que se hable de eso, lo que se hable es secundario. Que se raje de los árbitros, de los dirigentes de los equipos, de los dirigentes de la FIFA incluso: todo eso vale. Y este es un principio que vale tanto para la FIFA como para Susy Díaz: no le importa qué digan de ella, lo que le importa es salir en TV, pero el truco no es tanto llegar a la televisión, sino mantenerse en ella. En este sentido hay algo común entre el fútbol y la farándula peruana: ambos harán lo que fuera por salir y salir y llamar más y más la atención: sus economías, sus vidas depende de ello; claro que en el caso de la FIFA es más estable y no tan explícito. En realidad, esa es la meta de la mayoría de las emisiones. Alguna vez escuché que tener éxito para una serie televisiva es que la gente haga una pausita en la oficina para hablar de ella. Algo que ha sucedido en los años anteriores con series como Sex & the city, Friends, pero también Los Simpson, Family Guy, y los animes que se pusieran de moda.

Parece ser algo característico de los medios masivos de comunicación. Se podría decir que no es sólo algo de los medios, sino que es algo característico de los personajes públicos en general. Sospecharía un poco de esta generalización. Piénsese en que muchos políticos por ejemplos, más bien evitarían estar constantemente en boca de todos (o también en personajes como Genaro, quien siendo inevitablemente un personaje público, trata de mantenerse alejado de los “dimes y diretes”). Se daría más bien el caso de que muchos políticos han buscado una manera de mantenerse en sus cargos. Pero más que eso, incluso podríamos decir ha habido un fenómeno por el cual la publicidad (el carácter de ser público) se entiende cada vez más desde la dinámica propia de los medios de comunicación masiva, pero este ya es otro tema.

Para terminar sólo quiero dejar un tema abierto para la discusión. Al parecer, dado que lo que le importa a la exposición en medios de comunicación es aparecer una y otra vez sin que importe mucho qué es lo que se diga, tampoco debería importar el que se diga que es justamente eso lo que importa. En otras palabras, de ser una dinámica que es capaz de alimentarse de prácticamente cualquier cosa que se diga sobre sí (desde lo más elogioso hasta comentarios llenos de odio), debería también ser capaz de alimentarse del discurso que explique su dinámica, algo como lo que he intentado hacer aquí ampliando la pista que me dio aquel comentarista cuyo nombre ya olvidé. Sin embargo, no pasa esto. No vemos a nadie de la FIFA comentando este aspecto en sus discursos, ni siquiera para proponerlo como alternativa ante las acusaciones de mafias (que al parecer es algo mucho más serio). Así tampoco vemos a Susy Díaz diciendo “lo que me importa es salir ante cámaras y que hablen sobre mí aunque sea para decir que soy una bruta”. A lo más se dice “la farándula es mi negocio”. Es como si, después de todo, lo mediático y sus intereses económicos tuviesen algún tipo de interés en no hacer explícito esto. ¿Hay algún peligro en eso? ¿Qué sucedería si Blatter dijera en una conferencia de prensa: “no ponemos cámaras porque nos importa que los hinchas hablen una y otra vez de fútbol y esto incluye que renieguen de las fallas de los árbitros”? ¿Absolutamente nada? Sólo suelto una pista: no bastaría aquí con decir que los hinchas reaccionarían mal porque los pintan como fanáticos reducidos, pues esto ya sucede con comerciales como el del desodorante que pone a los hombres como zombis tras el fútbol. La discusión tendría que llevarse, más bien, por el lado de la importancia de que alguna descripción quede como latente o se haga patente. ¿Qué cambia realmente cuando un discurso se hace patente con respecto a los efectos que ello tiene? Y, ¿qué sucede cuando esto sucede en el caso particular de los medios masivos de comunicación?

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